Crónicas de la psico-ciudad // Nunca marcharemos solos.





Nunca marcharemos solos.
Por Martín Licona.








¿Cuantas generaciones murieron hace 45 años? Llegamos a Tlatelolco y aún olía a sangre, nos recibió la muerte, un pasillo de robots con macanas. Éramos miles pero no éramos todos y es que aún después de tanto despojo hay muchos muertos con corbatas que se preocupan más por llegar a producir dinero para alguien más que por forjar su futuro, el futuro de sus crías, como si no supieran que al hacerse viejos los desecharán sin nada de remesas, sin dignidad para vivir sus últimos años.

Era fiesta y eran cantos, júbilo y juventud, esperanza viva marchando bajo el sol, hasta llegar a Garibaldi, ahí nos dimos cuenta que el PRI había regresado, que ésta ciudad "progresista" y de "izquierda" volvió a ser parte del aparato represor de aquel monstruo de mil cabezas. Ya no se trata de colores, cualquiera te va a joder igual. Bellas artes estaba copado de azules, trincheras, vallas, tanquetas, caballos, camiones de enanos-títeres, todos resguardando el primer cuadro del señor Slim, todos cuidando los cientos de Mc'Donals que hay ahí. Las calles hace tiempo que no son del pueblo. Fuimos entonces al Ángel por Reforma, ahí el perro ladró, los estudiantes en alquimia podrida nos volvemos delincuentes, nos persiguen, nos golpean, nos explotan gases y tratan de llenarnos de miedo, pero ha sido tanto el temor que hemos vivido, ha sido tanta muerte vertida sobre nuestros ojos que ya no nos espantan, que no dimos y no daremos ni un paso atrás. Porque ha llegado el tiempo de luchar, porque ha llegado el momento de gritar, de exigir, de aferrarnos con los dientes a aquella utopía que nos alimenta. Esta no debe ser una lucha aislada, marchamos estudiantes, maestros, grupos sindicales porque esta es una sola lucha, la lucha por un mejor país, porque estamos forjando una revolución cultural, porque hoy, en muchos sentidos, el reloj retrocedió 45 años.

No podemos permitir la privatización del país, la perdida de la educación pública, lejos de un nacionalismo absurdo sabemos de la incapacidad del gobierno para dar solución a los problemas fundamentales del país. Los hermanos de Oaxaca nos dan su ejemplo con sus múltiples luchas, contra las mineras, contra empresas eólicas, contra reformas laborales disfrazadas de reformas educativas, hay que unir fuerzas, hay que informarnos, hay que saber que estas reformas neoliberales ponen nuestro futuro en manos de empresas transnacionales.

Ante este panorama de lucha, me pregunto: ¿Donde están los artistas? Porque llegamos todos al Ángel pero aún faltó el discurso del poeta, esas palabras que llegan al alma, porque he visto colectivos escénicos llevando diversión al campamento de la CNTE, ¿Eso es todo? El arte como mera diversión, el arte pasivo, meramente contemplativo. ¿A eso se reduce la labor del arte? Es tan fácil encerrarse en una guitarra, en un caballete o en un escenario. No hay revolución sin arte, por eso hago un atento llamado a los colectivos artísticos y a los artistas en general a que salgan a las calles, a que utilicen su arte como un medio que se contraponga al aplastante caminar de los medios de comunicación masivos. Hace falta informar a la gente sobre las reformas, sobre los cambios en la educación pública del país, hay que quitarle el hielo a la gente que aún no cree en esta lucha, que se refugia en la televisión, es momento de tomar espacios públicos, de cantar canciones de protesta, de llevar performance informativos a las calles, de regalar poemas, poesía revolucionaria. Este es el llamado de un pueblo cansado, golpeado, mutilado por unos cuantos, es el llamado de los 70 millones de pobres, el llamado de los grupos originarios, de los estudiantes maltratados, de los profesores criminalizados. Esta lucha es la lucha de tu pueblo, no estamos solos, mientras siga habiendo escuincles malcriados y berrinchudos que no se dejen pisar por nadie, que no se dejen humillar, que busquen un trato digno, que luchen por la equidad, mientras sigamos existiendo este tipo de personajes, nunca, nunca marcharemos solos.

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