Instrucciones para volar.









Instrucciones para volar.
Por: Martín Licona.










El ser humano se ha olvidado de volar y el volar está íntimamente ligado con la libertad. El ser humano se olvidó de ser libre. Ya no recuerda, o no quiere recordar, que en sus principios podía volar. Surcaba la tarde abierta en naranjas planeando el horizonte hasta que se escurría la noche, que bello aquel instante en que volando llegaba a besar la frente de su amor, en que las nubes eran el pretexto para esconder un beso y las puestas de sol nos llegaban tomados de la mano sobre la copa de un árbol. Debemos recordar que podíamos sentir al aire dibujar nuestra cara, que mirábamos al sol de frente y que reposábamos los sueños con la luna como hamaca.

El mundo en el que vivimos se ha encargado, día a día, de hacernos olvidar. Vivimos llenos de prisiones y a cada paso dado sobre el tosco concreto se nos adhiere un grillete cada vez más pesado. Vivimos enjaulados, trinando soledades con el pico cerrado a candados, nos han pintado las jaulas de colores libertarios para sentir que no estamos presos y hemos creado tal costumbre, que aquella jaula nos parece nuestro hogar. Morimos con la mirada acotada a su mundo, esclavos de trabajos sin sonrisas, de llantos crónicos, de soledades sufridas.

Es triste vernos caminar en un río interminable de prisas y empujones, es triste ver el gris en nuestros ojos clausurando la mirada contra el piso, con las manos mutiladas, la boca cosida y un par de alas enmohecidas porque nos dijeron que no podíamos volar y les creímos, como también creímos que el amor es cadena y el dinero felicidad, que la soledad espanta, que la muerte es el final, que no somos más de lo que vemos, que “tú” y “yo” somos distintos y nunca seremos un “nosotros”, que los sueños se abandonan y que jugar es cosas de niños. Nos asumimos presos o nos creemos libres y poco a poco hemos desplumando nuestras alas para arrastrarnos como gusanos en un cuarto sin sol. 

Así que tú, que en vagos despertares recuerdas que volabas y que ahora está tu pie sujeto a una roca, más anclado al suelo que una vaca, descubre tu magnificencia, acaricia tu rostro que tanto ha llorado y recuerda que reías, que vivías sin cadenas, sin tabiques pegados a las manos, corta los lazos que te unen, las derrotas que te enfangan, los amores que recuerdas que pasaron y que no dejaste que se fueran. Suelta la mano de fantasmas que solo deambulan en la memoria, encuentra el amor en una flor, en un beso al mar, en el suave roce de una noche en soledad. Extiende tus manos cuan largas son, mira al cielo con la nuca colgada en tu espalda, dobla un poco las rodillas, sincroniza tu respiración con el ritmo del mundo, mueve tus manos: arriba, abajo, siente el aire cortando tus dedos, cierra los ojos, muévelas cada vez más rápido, cada vez más, siente como te elevas, siente las alas que olvidaste que tenías y cuando una luz se asome por el horizonte; corre, aférrate a esa luz, llénate de ella y recuerda que volabas. 

Comentarios

  1. Excelente reflexión como siempre. Ojala podamos verdaderamente soltar las ataduras y vivir y volar hasta donde termine el horizonte. Felicidades

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    1. Ojalá podamos llegar a ese punto en que las ataduras no existan y el límite sea el cielo. Muchas gracias por tus palabras y por leernos. Saludos.

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