Instrucciones para colgar un gancho en el ropero.








Instrucciones para colgar un gancho en el ropero.
Por: Martín Licona.









Los gachos tienen una forma y un sentido el cual seguir. Uno debe tener cuidado al acomodarlos dentro del ropero, si no se hace de manera correcta corren el riesgo de desparramarse y dejar caer las telas que sostienen, formando un pantano de prendas que sin duda sepultará nuestros añejos gustos.

Siempre he pensado en los ganchos como en un cisne de pico abrazador y plumaje en viento; fuerte y delicado rasgar del cielo. Un gancho debe entrar como el partir de un cuchillo en el pan, surcar el aire libre y reposar en el horizonte metálico que besará, abriendo como un arcoíris, su boca. Siempre debe su nuca mirar la puerta, no deberá ver de frente la salida pues escaparía con todo y prendas hacia la libertad.  

Hay distintos tipos de ganchos; los finos de metal sirven bien para colgar trajes, los toscos de madera se pueden ocupar en sudaderas y los delicados de plástico sólo pueden cargar camisas. Los ganchos cargan nuestras vestiduras y mentiras, por ello es que hay que saber el peso que pueden cargar porque si se les recarga, corre el peligro de descubrir desforrado a su mejor vestido, traje, pecado, máscara, artimaña o mentira. Ponga a dormir los pantalones en la barriga transparente del gancho, recuéstelo con cautela, bésele la frente antes de dormirlo; la piernas van juntas, la cintura va caída apenas a media altura creando contrapeso. Las camisas y blusas arropan el interior de aquellos cisnes, se dejan caer como un abrazo, se abotonan por completo y se alinea el cuello al cuello del gancho. Se recomienda dar dos tirones para evitar arrugas. Las faldas se enfundan como si tuvieran piernas y los sacos se sostienen de los hombros como manos de un precipicio. 

Así poco a poco se va quedando desnudo y limpio, dejando en el armario todo aquello que nos viste y nos aleja de lo que realmente somos, dejamos sombras vanas, tela fina que nos aparta del roce del mundo, así vamos volviendo a ser lo que somos; carne y prejuicios, debilidad y frío. Estando desnudos enfrente del armario, podemos escoger nueva armadura; para dormir, para aparentar, para soñar que se es lo que no se es. Todo puede ser colgado en un gancho y arrinconarlo en el ropero, ahí tengo un corazón desinflado, una ilusión, un sueño, un mal recuerdo y una bufanda que huele a ti. Todo lo que se guarda se olvida pero en ningún gancho cabe tu abrazo, ese que me pongo cuando estoy desnudo, ese anhelante latir de un pecho que se quiebra en la ausencia. Tanta tela, tanto vestido, tantos colores y texturas, tanto gancho perfectamente acomodado, y yo… yo añorando estar desnudo y a tu lado. 

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